Había una vez un anciano que pasaba los días sentado junto a un pozo a la entrada de un pueblo. Un día pasó un joven se acercó y le preguntó lo siguiente:
-Nunca he venido por estos lugares, ¿cómo son la gente de esta ciudad?
El anciano le respondió con otra pregunta:
-¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de donde vienes?
-Egoístas y malvados, por eso estoy contento de haber salido de allá.
-Así son los habitantes de esta ciudad, -le respondió el anciano.
Un poco después, pasó otro joven, se acercó al anciano y le hizo la misma pregunta:
-Voy llegando a este lugar, ¿cómo son los habitantes de esta ciudad?
El anciano le respondió de nuevo con la misma pregunta:
-¿Cómo son los habitantes de la ciudad de donde vienes?
-Eran buenos y generosos, hospitalarios, honestos y trabajadores. Tenía tantos amigos que me ha costado mucho separarme de ellos.
-También los habitantes de esta ciudad son así, -respondió el anciano.
Un hombre que había llevado sus animales a beber agua al pozo y que había escuchado la conversación, en cuanto el joven se alejó le dijo al anciano:
-¿Cómo puedes dar dos respuestas completamente diferentes a la misma pregunta realizadas por dos personas?
Mira -respondió el anciano-, cada persona lleva el universo en su corazón. Quien no ha encontrado nada bueno en su pasado, tampoco lo encontrará aquí. En cambio, aquel que tenía amigos en su ciudad, también aquí encontrará amigos fieles y leales. Porque las personas son lo que encuentran en sí mismas, encuentran siempre lo que esperan encontrar.
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El reflejo de la vida
Publicado en Historias & Relatos, Reflexiones el Julio 22, 2007 por OierCuatro acordes…
Publicado en Canciones, Música el Julio 22, 2007 por OierEsta canción es del ya extinto grupo Flying Rebollos, una canción que es un claro reflejo de lo que veo cada vez que me miro al espejo y observo mi vida.
Flying Rebollos – Cuatro acordes
Andaba torpe y desaliñao
sin creer en mucha gente,
dieciocho años aquí en Bilbao,
ni un solo golpe de suerte.
No había nada a mi alrededor
que me invitara a moverme,
solo cuatro acordes mal tocaos
y muchas ganas de verte,
cuatro acordes mal tocaos
y nada para meterme.
Toqué el “Hey nena” y el “Miéntelas”,
gusté de los tragos fuertes,
te vi en el “Bolos” sudando ya,
tenías fichas de muerte.
Lloré y bebí, canté y rabié
cuando leí los papeles,
oigo cuatro acordes añoraos
de la guitarra del Pepe,
cuatro acordes mal tocaos
y nada para meterme.
Andaba yo perdido en esta ciudad
en la que mandan los fuertes,
ningún deseo de ganar,
abandonado a mi suerte,
casas vacías en algún bar,
miradas de asco en sus gentes,
¡”rock and roll never dies!”
escrito por las paredes,
cuatro acordes mal tocaos
vendrían muy bien a mi gente,
cuatro acordes mal tocaos
y nada para meterme.
Huellas en la arena
Publicado en Historias & Relatos el Julio 22, 2007 por OierUna noche soñé que iba andando por la playa con mama y que se proyectaban en el cielo muchas escenas de mi vida. En cada cuadro veía huellas de pisadas en la arena. A veces, las de dos personas y otras sólo las de una. Observé que durante los periodos más difíciles de mi existencia se veían las huellas de una sola persona. Y dije:
-Me prometiste, Mama, que siempre caminarías a mi lado. ¿Por qué cuando más te necesité no estabas conmigo?
Ella respondió: “Cuando viste las huellas de una sola persona, hijo mío, fue cuando tuve que llevarte en brazos”.

