Archivos para Julio 25, 2007

Pérdidas

Publicado en Propios, Reflexiones el Julio 25, 2007 por Oier

Hay tantas cosas que no se volverán a suceder, hay tantas cosas que no volverán a ocurrir. Tantas cosas se han perdido que no volverán, tanto esfuerzo malgastado, tantas lagrimas derramadas todo para terminar sin nada. Momentos irrepetibles extraviados, promesas olvidadas y sentimientos perdidos.

Mucho tiempo pasara asta volver a la anterior situación, mucho tiempo para recuperar todas las cosas de mi mismo que perdí. Confianza, orgullo, felicidad y ganas de sonreír. No es lo que perdí sino el como me quedé, desamparado y solo en el frío de mi vacía habitación.

Volveré a ser lo que fui, recuperaré lo que de mi perdí y volveré a ser yo. Esta vez sera diferente, seré mucho mejor que antes, aprendido e de mis errores, y cuando me levante no habrá nada que pueda detenerme. Como se suele decir “Nunca te interpongas en el camino de un hombre que sabe a donde va”.

Las perdidas siempre son dolorosas, cuantos juguetes habré perdido de pequeño… pero todo puede comprarse excepto el amor. Y es en el amor en el que te das cuenta de que cuando lo pierdes, lo pierdes para siempre.

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Tres cosas hay que nunca vuelven atrás: la palabra pronunciada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida. 

Cielo y Infierno

Publicado en Historias & Relatos, Reflexiones el Julio 25, 2007 por Oier

Cierto día, un sabio visitó el infierno. Allí, vio a mucha gente sentada en torno a una mesa ricamente servida. Estaba llena de alimentos, a cual más apetitoso y exquisito. Sin embargo, todos los comensales tenían cara de hambrientos y el gesto demacrado: Tenían que comer con palillos; pero no podían, porque eran unos palillos tan largos como un remo. Por eso, por más que estiraban su brazo, nunca conseguían llevarse nada a la boca.

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Impresionado, el sabio salió del infierno y subió al cielo. Con gran asombro, vio que también allí había una mesa llena de comensales y con iguales manjares. En este caso, sin embargo, nadie tenía la cara desencajada; todos los presentes lucían un semblante alegre; respiraban salud y bienestar por los cuatro costados. Y es que, allí, en el cielo, cada cual se preocupaba de alimentar con los largos palillos al que tenía enfrente.