Se supone que los prostíbulos están prohibidos en Francia; sin embargo, sólo en París, hay mas de cincuenta. Allí, cuando entras, todas las chicas te adoran. Tienen dos grandes virtudes:
1)Son hermosas.
2)No te pertenecen.
Pides una botella de champán, invitas a una ronda, y de repente allí las tienes, acariciándote el pelo, lamiéndote el cuello, insinuando sus uñas en tu camisa, rozando tu bragueta que se hincha, susurrándote delicadas obscenidades al oído.
Tú las crees a pies juntillas. Te olvidas de que las pagas. Por supuesto que sospechas que, en realidad, Joanna se llama Janine, pero hasta que te has corrido no te importa lo más mínimo. Allí estás, gallo mimado entre gallinas de lujo. Te justificas en voz alta:
-Para reparar tu coche, lo mejor es acudir a un mecánico.Para construir tu casa, es preferible contactar con un buen arquitecto. Si caes enfermo, vale más consultar a un médico competente. ¿Por qué el amor físico iba a ser el único campo en el que no deba recurrirse a un especialista?
Joanna y Sonia aprueban tus argumentos. Siempre están de acuerdo con tus brillantes teorias.
Te las das de provocador de vuelta de todo pero no eres así. No buscas las prostitutas por cinismo, qué va, al contrario, sino porque el amor te asusta. Te proporcionan sexo sin sentimientos, placer sin dolor. <<La verdad es un momento de falsedad>>, escribió Guy Debord, retomando a Hegel, y ambos eran más inteligentes que tú. Esta frase describe perfectamente el ambiente de los bares de alterne. Con las prostitutas, la falsedad constituye un momento de autenticidad. Por fin eres tú mismo. En compañía de una mujer digamos que <<normal>>, uno tiene que esforzarse, presumir, ofrecer su lado bueno, en definitiva, mentir: es el hombre quien hace a la puta. Mientras que, en el prostíbulo, el hombre se suelta, ya no se esfuerza por causar buenas impresiones ni por mostrarse mejor de lo que es. Es el único lugar falso en el que por fin es auténtico, débil, hermoso y frágil. Habría que escribir una novela titulada: <<El amor cuesta 3.000 francos>>.
Fragmento de el libro 13,99.