De un salto me desperté. <<Una pesadilla>> me dije y después de deslizar mis pies para que entrasen en las zapatillas fui a por un vaso de leche. Hacia frío en la casa, entre el silencio podía escuchar a lo lejos los ronquidos intermitentes de mi padre que estaba 2 habitaciones mas lejos.
Ya que estaba despierto y me costaría conciliar el sueño decidí coger una gorda chamarra y salir un rato a la calle, a acompañar mi soledad con la de la noche, a reflejar el brillo de la luna en el de mis ojos. Seguí el riachuelo que pasa cerca de casa y fui río abajo asta alejarme lo suficiente de mi casa para asegurarme que nadie pasaría por allí.
Que bonita es la luna, y que cruel es el frío de la noche.
Miraba inquietamente el río, tan tranquilo, tan en calma, tan pacifico… sin problemas y sin preocupaciones, era algo demasiado hermoso y extremadamente sencillo, eclipsado en todo momento por la enorme luna que le daba un toque plateado a el agua. Yo al contrario, me sentía agitado y con el constante movimiento de mis pies removía la tierra que estaba al borde del río.
Tantas cosas habia en mi cabeza… me iba asfixiando por momentos asta que empezaron a brotar lagrimas de mis ojos. Que resbalaban por mi cara y caían al suelo. Ni rodeado de tranquilidad podía encontrar mi calma interior.
Cuando paso un rato y ya me encontre mas tranquilo, con los ojos húmedos que al brillo de la luna parecían dos apagadas perlas, me fije en una pequeña piedra debajo de mi que habia quedado mojada por las lagrimas.
La cogí y la apreté fuerte fuerte. Acto seguido la tire al rió y mientras la suave corriente se llevaba la piedra de mis lagrimas, suspiré… agua pasada déjala correr…



