Un mundo demasiado pequeño

¡Pensaba! ¿En qué? Lo ignoro, yo la miraba con amor y casi con terror pensando en lo que estaba dispuesto a sufrir por ella.

Cuando me desperté eran las dos. El tiempo era magnífico. No recuerdo que la vida me haya parecido nunca tan bella ni tan plena. Los recuerdos de la víspera aparecían a mi espíritu sin sombras, sin obstáculos, y alegremente escoltados por las esperanzas de la noche. Me vestí apresuradamente. Estaba contento y me sentía capaz de las mejores acciones. De vez en cuando mi corazón saltaba de alegría y de amor en mi pecho. Una dulce fiebre me agitaba. No me inquietaba más por las razones que me habían preocupado antes de dormirme. No veía más que el resultado, no pensaba más que en la hora en que debía ver de nuevo a Margarita.
Me fue imposible quedarme en casa. Mi cuarto me parecía demasiado pequeño para contener mi dicha: tenía necesidad de la naturaleza entera para expansionarme.
Salí.

Fragmento de el libro La Dama de las Camelias(Alexandre Dumas).

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