Archive for the Historias & Relatos Category

Caballo

Posted in Cuentos, Historias & Relatos, Personal, Reflexiones on junio 7, 2014 by Oier

Desde potrico ya le dijo siempre: ¡caballo!, y así fue echando cuerpo con la palabra dentro
como un susto y como una orden.
De modo que cuando el alazán pudo llevar encima el hombre, se estremecía de oír su palabra:
—¡Caballo! —y el animal vibraba del casco a la oreja; ¡brrrr! hacía y el suelo trepidaba bajo
sus patas.
Porque ¡caballo! quería decir muchas cosas, empezando por alerta:
«Soy yo en ti desde afuera y dentro de ti. Soy todo momento que empieza después de la
palabra pronunciada, y que tantas y diferentes cosas puede significar. »Soy lo que está antes de la hierba y el agua. Antes soy de la primera orilla del río crecido
que miras espantado.
»Lo sigo siendo en mitad de la corriente avasalladora y lo soy después de la otra orilla del río
vencido.
»Sólo cruzas porque yo digo ¡caballo!, y porque he anudado a mis nervios tus cuatro patas
debajo del agua.
»Sólo por eso cruzas y sólo por eso existes.
»Sólo porque yo digo ¡caballo! en lo alto de la sierra, es que caben tus cuatro cascos
nerviosos en lo delgado del trillo, sin que suba por tu vientre y el mío el mismo aire helado de
matarnos en la barranca.
»¡Caballo! quiere decir que eres otro miembro de mi cuerpo y otra dirección de mi
pensamiento.
»Y por tanto y lo mismo, ¡caballo! no eres tú solo en tu soledad, sino los dos cogidos en el
puente de una palabra.»
Y sucedió también que el hombre, por tener dominio y seguridad de la palabra en que se
concentraba lo mejor de su espíritu, muchas veces quiso aplicarla a la vida para su
dominamiento sin que esta se estremeciera y mucho menos hiciese su voluntad.
Y entonces halló que sólo era Dios con su bestia y la amó más y vio que estaba tan sujeto de
ella y tan pendiente como la bestia de su persona.
También el caballo ante el viento devastador y el trueno, hubiera querido la palabra ¡caballo!
para conjurar su espanto.
De modo que sólo hubo una isla donde ambos coincidieron para destruir sus limitaciones, y
esta isla fue la palabra ¡caballo!
Y así creció y así tuvo, además, otras famas en la comarca el alazán:
—«Al caballo de Fresneda usted va y se lo dice y no tiembla, pero como sea el dueño quien
lo diga: —¡brrrr!, de la cabeza a las patas. Hasta el aire en derredor se estremece. Y sólo es
Fresneda quien le oye el sonido de los huesos. De noche, vea, de noche; por suelto que esté en
el potrero, por lejano o por cerca de la casa, como Fresneda salga al portal y se lo diga: —
¡caballo!, de modo que el viento le lleve la palabra donde quiera que esté, usted siente en el
silencio de las estrellas un estremecimiento de bestia que viene en contra del aire: —¡brrrr!, y se
oye.
»Y qué hermoso el alazán de Fresneda; siete cuartas de alzada y un pelo con brillo lo mismo
de día que de noche, como si se guardara la luz. Su paso un río nadando y la crin y la cola,
igualitas, de un mismo dorado.
»Y por eso, tal vez, una noche se lo robaron.
»Fresneda anduvo los cuatro lados del mundo, buscándolo; y, ¡qué pena!, aún teniéndolo tan
cerca no lo halló.
»Porque ocurre que se acobardaron los ladrones; de modo que después de enlazada la bestia,
se llenaron de temor o lo pensaron de otro modo, porque era un doble robo con más culpa
quitarle a un hombre el cuerpo que ha hecho del corazón de una bestia y del suyo.
»Y allí lo dejaron; entiesadas las patas, rígido, la boca amordazada para el relincho, oculto en
el varentierra que estaba sólo a cuatrocientos metros de la puerta de Fresneda.»
Y Fresneda buscándolo por todos los pastos del mundo.
¿Pero quién se iba a acordar del varentierra que una vez fue hecho por si los huracanes, y
luego quedó olvidado y trepado de cundiamor?
Y allí murió el caballo, entiesado y de pie. Y pasó un año largo, y todo el pelo de Fresneda se
le puso blanco. Y un día fue Fresneda al varentierra y entonces entró y vio el caballo todavía
entiesado, todavía de pie en sus cuatro patas muertas y dio Fresneda un paso dentro del
varentierra y dijo:
—¡Caballo!
Y el caballo, estremeciéndose, se desmoronó al suelo en una nube de polvo muerto.

Onelio Jorge Cardoso

Me miras

Posted in Cosas, Historias & Relatos, Personal, Reflexiones on junio 26, 2013 by Oier
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
Julio Cortazar

Dos lobos

Posted in Historias & Relatos, Personal, Reflexiones on octubre 8, 2012 by Oier
Un viejo indio estaba hablando con su nieto. Le decía:
“Me siento como si tuviera dos lobos peleando en mi corazón, uno de los dos es un lobo enojado, violento y vengador, el otro está lleno de amor y compasión”.
El nieto preguntó:
“¿Cuál de los dos lobos ganará la pelea en tu corazón? “
El abuelo contestó:
“Aquél que yo alimente.”

El derecho a la valentía

Posted in Historias & Relatos, Personal, Reflexiones on junio 21, 2012 by Oier
En 1816, el gobierno de Buenos Aires otorgó el grado de teniente coronel a Juana Azurduy, en virtud de su varonil esfuerzo.
En la guerra de la independencia, ella había encabezado a los guerrilleros que arrancaron el cerro de Potosí de manos españolas. Las mujeres tenían prohibido meterse en los masculinos asuntos de la guerra, pero los oficiales machos no tenían más remedio que admirar el viril coraje de esta mujer.
Al cabo de mucho galopar, cuando ya la guerra había matado a su marido y a cinco de sus seis hijos, también Juana murió. Murió en la pobreza, pobre entre los pobres, y fue arrojada a la fosa común.
Casi dos siglos después, el gobierno argentino, presidido hoy por una mujer, la ascendió al grado de generala del ejercito, en homenaje a su femenina valentía.
Eduardo Galeano

Mirada a la poesía

Posted in Cosas, Historias & Relatos, Personal, Poemas, Propios, Reflexiones on marzo 27, 2012 by Oier
Un joven panadero, amante de la poesia amasaba el pan una mañana cuando dos hombres arreglados y bien vestidos entraron en su panadería. Estaban hablando sobre poesía y le comentó el mas flaco al otro:
-Teniendo en cuenta a Victor Hugo, si un poeta es el mundo encerrado en un hombre, Walt Whitman tampoco esta lejos de esa afirmación cuando dice que un gran poema no es el fin para un hombre o para una mujer, sino más bien el principio.
-Si pero tal como dijo Thomas Stearns – le contestó – la poesía no es una liberación de las emociones, sino la escapatoria de ellas; no es una expresión de la personalidad, sino una evasión de dicha personalidad. Y añado las palabras de Gabriel Celaya, la poesía es un arma cargada de futuro.
-La poesía al fin y al cabo no se puede definir, Federico Garcia Lorca dijo en el pasado que todas las cosas tienen su misterio, y la poesía es el misterio que tiene todas las cosas. Y creo que llevaba razón.
-Puede ser, yo soy mas del pensamiento de Maria Victoria Atencia, que dijo que la poesía es la primavera de la literatura.
El chaval atento a la conversación mientras metía y sacaba diferentes panes del horno, quiso intervenir y dijo:
-Discúlpenme señores, pero yo creo que la poesía es lo que cada uno quiere que sea, es decir lo que para cada uno es.
Los dos caballeros lo miraron con desdén y el más flaco que parecía tener una posición mas fuerte de los dos le dijo de una manera burlona:
-Que va ha saber de poesía un panadero?
-El poeta y el panadero tienen la misma función: alimentar al mundo – le contestó el joven.

Los llamares

Posted in Cosas, Historias & Relatos, Personal, Reflexiones on marzo 24, 2012 by Oier

La luna llama a la mar y la mar llama al humilde chorrito de agua, que en busca de la mar corre y corre desde donde sea, por muy lejos que sea, y corriendo crece y arremete y no hay montaña que le pare la pechada. El sol llama a la parra, que queriendo sol se estira y sube.

El primer aire de la mañana llama a los olores de la ciudad que despierta, aroma de pan recién dorado, aroma de café recién molido, y los aromas al aire entran y del aire se apoderan. La noche llama a las flores del camalote, y a medianoche en punto estallan en el río esos blancos fulgores que abren la negrura y se meten en ella y la rompen y se la comen.

Eduardo Galeano

Cinco mujeres

Posted in Cosas, Historias & Relatos, Personal, Reflexiones on marzo 15, 2012 by Oier

1978 La Paz (Bolivia)

–El enemigo principal, ¿cuál es? ¿La dictadura militar? ¿La burguesía boliviana? ¿El imperialismo? No, compañeros. Yo quiero decirles estito: nuestro enemigo principal es el miedo. Lo tenemos dentro.

Estito dijo Domitila en la mina de estaño de Catavi y entonces se vino a la capital con otras cuatro mujeres y una veintena de hijos. En Navidad empezaron la huelga de hambre. Nadie creyó en ellas. A más de uno le pareció un buen chiste:

Así que cinco mujeres van a voltear la dictadura.

El sacerdote Luis Espinal es el primero en sumarse. Al rato ya son mil quinientos los que hambrean en toda Bolivia. Las cinco mujeres, acostumbradas al hambre desde que nacieron, llaman al agua pollo o pavo ychuleta a la sal, y la risa las alimenta. Se multiplican mientras tanto los huelguistas de hambre, tres mil, diez mil, hasta que son incontables los bolivianos que dejan de comer y dejan de trabajar y veintitrés días después del comienzo de la huelga de hambre el pueblo invade las calles y ya no hay manera de parar esto.

Las cinco mujeres han volteado la dictadura militar.

Eduardo Galeano